Si hay algo que nos tomamos en serio, es el asado. No importa si hay partido, cumple, feriado o simplemente domingo: si hay parrilla, hay felicidad. Y dentro de todos los cortes, hay uno que siempre se roba el corazón (y el aplauso de los comensales): el vacío.
Ahora bien, hacer un vacío tierno, jugoso y sabroso no es soplar y hacer botellas. Por esote contamos cómo hacer un vacío a la parrilla paso a paso, desde que comprás el corte hasta que te servís ese pedazo que se corta con cuchara.
Paso 1: Elegir un buen vacío
Todo arranca en la carnicería. No te hagas el distraído: el vacío tiene que tener buena grasa, esa capa blanca que lo cubre como si fuera un abrigo. Eso es lo que le va a dar sabor y va a mantener la carne húmeda durante la cocción.
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Paso 2: Preparación antes del fuego
Nada de marinar por horas, ni de inventar alquimias raras. Bien clásico: sal entrefina justo antes de ponerlo en la parrilla. Si le querés meter ajo, limón, chimichurri o algo más creativo, hacelo después, cuando lo sirvas.
Ah, y sacalo de la heladera con tiempo. La carne fría directo al fuego es un pecado parrillero.
Paso 3: Fuego listo, no apurado
Nada arruina más un vacío que un fuego asesino. El secreto está en el equilibrio: brasas parejas, sin llamaradas locas.
¿Y la altura de la parrilla? Unos 20 cm del fuego está perfecto. Ni tan cerca que lo queme, ni tan lejos que parezca un asado al sol.
Paso 4: Paciencia
Primero, lo ponés del lado de la grasa para abajo. Ahí lo dejás tranqui unos 40 minutos, sin andar pinchando ni moviendo como si fuera el control remoto.
Después, lo das vuelta y lo dejás otros 30-40 minutos, dependiendo del grosor y de cómo te guste. A mí me gusta rosado por dentro y crocante por fuera, así que lo dejo que se caramelice bien.
Paso 5: El toque final
Una vez que lo sacás, dejalo descansar unos minutos. Después lo cortás en tiras finas, en contra de la fibra, y lo servís. Si querés sumarle un chimichurri casero o una salsa criolla, mejor. Pero la carne ya tiene todo lo que necesita.
En resumen: Hacer un buen vacío a la parrilla no es ciencia espacial, pero sí es un arte. Con buenos ingredientes, paciencia y respeto por el fuego, te asegurás una carne tierna, jugosa y con sabor a gloria.